
El tiempo no conoce de símbolos ni de viejas nostalgias. Con la más antigua de nuestras banderas se ensañó hasta dejarla hecha jirones. Antes la humanizó tatuándole el cuerpo de arrugas. Luego, cuando la confinaron en un depósito, la humedad de esta Lima gris hizo lo suyo: la seda blanca palideció ahogada. Los insectos que la picaron aparecieron después (siempre lo hacen con el olvido de otros). Casi dos siglos después, su suerte cambiará. El estandarte soñado por San Martín, en una apacible playa de Pisco, que presenció la proclamación de la independencia nacional el 4 de enero de 1821, en Piura, recibirá una cirugía. Será restaurada.
La noticia la dieron hace unos días los directivos del Museo de Arqueología, Antropología e Historia del Perú, en Pueblo Libre, y el Fondo de Recuperación del Patrimonio Nacional del Banco de Crédito (BCP).
"El grupo cubrirá los gastos de restauración e investigación sobre la procedencia de la pieza", explicó el historiador Carlos del Águila, director del Museo. "El fondo cubrirá todo lo que se necesite para la recuperación física e histórica de la pieza", precisó Álvaro Carulla, gerente de Relaciones e Imagen Institucional del BCP. Se invertirá entre 6 mil y 8 mil dólares.
EL ORIGEN
"Despertó y abrió los ojos. Efectivamente, una bandada de aves de alas rojas y pechos blancos de armiño se eleva a un punto cercano... El héroe se puso de pie.
- ¿Veis aquella bandada de aves que va hacia el norte? - Sí, general, blancas y rojas, dice Cochrane. - Parecen una bandera, agregó Heras. - Sí, dijo San Martín. Son una bandera. La bandera de la libertad que acabamos de sembrar". (Abraham Valdelomar, "El sueño de San Martín".)
La historia escribe que el 21 de octubre de 1820 San Martín oficializó la primera bandera del Perú, pues -reza el decreto recogido por Mariano Felipe Paz Soldán- "era incompatible con la independencia del Perú conservar los símbolos que recuerdan el dilatado tiempo de su opresión".
"El símbolo estaría dividido por dos líneas diagonales, blancos en el extremo superior e inferior, y rojo a los costados. El escudo de armas estaría compuesto por una corona de laurel ovalada, y dentro de ella un sol". Y así fue. Este diseño acompañó la proclamación de la independencia en cada uno de los rincones del país. Y esta fue la bandera que, un buen día de 1917, el historiador Emilio Gutiérrez de Quintanilla, registró en el Museo de Pueblo Libre como la que acompañó la proclamación de la independencia en Piura. "Es la más antigua que se tiene", dice Del Águila. Sin embargo, el historiador Héctor López Martínez recomienda que, para evitar alguna equivocación, sería necesario indagar con técnicas científicas la antigüedad exacta de la tela con la que fue fabricada esta pieza.
Este modelo no duró mucho. El 15 de marzo de 1822, el marqués de Torre Tagle, ante las dificultades en la confección de la bandera, ordenó que se cambiara su diseño, pero mantuvo los colores. La nueva imagen adoptó la forma de una faja blanca transversal acompañada por otras dos rojas. Sin embargo, una vez más el emblema tuvo que modificar su forma. Esta vez la causa fue el parecido con la bandera española. "En ese contexto de guerra, resultó un grave peligro, ya que a la distancia las embarcaciones o tropas de uno u otro bando no podían identificarse claramente", apunta Marcos Garfias Dávila. Así, dos meses después del primer cambio, se oficializó la bandera que hoy flamea en las calles.
LIBERTAD Y UNIÓN
"Muchedumbres inmensas caminaban febrilmente con un ansia infinita de trabajo, y renovación... y cuando todo el pueblo se había elevado, cuando el progreso y la libertad estaban dando su fruto vio extenderse sobre la extensión ilimitada una bandera...".
La más antigua de nuestras banderas es más pequeña de lo que uno imagina: tiene poco más de un metro de largo por medio de ancho. Es también más anémica (los años desangraron al rojo). En el centro, lleva un bordado con hilos de plata (que alguna vez, supone la curadora Maribel Medina, ostentaron un baño de oro) un sol de rostro serio. Y sobre él, una frase: Libertad y Unión. Es esta característica la que, según el director del museo, hace única a esta bandera. "No se conoce otra que tenga esta inscripción", asegura.
Medina explica la degradación acelerada del estandarte. "La seda se quiebra y pierde su pigmentación original porque estuvo sobreexpuesta a mucha iluminación. Por su naturaleza, el material orgánico tiende a degradarse. También se ha identificado un problema de oxidación del tejido. La bandera estuvo expuesta durante mucho tiempo en el antiguo Museo de Historia, en la Casona de la Universidad Mayor de San Marcos continuó en exhibición en Pueblo Libre, hasta que ya no pudo más. "Se la retiró porque su estado era calamitoso. Luego fue llevada a un depósito", explicó Del Águila. Desde hace tres años se encuentra en el área de restauración de textiles de este museo.
ARCHIVO POR ORDENAR
La única verdad histórica de nuestros archivos históricos es que no están archivados. Mucho menos ordenados. Digamos, entonces, que la verdad histórica es más bien una certeza difusa. Se sabe, por ejemplo, que la bandera de la que hablamos es la más antigua de la que se tiene referencia, pero ignoramos fechas. Sabemos qué pasó, pero no cuándo ni cómo ni dónde.
Los datos sobre la llegada de esta bandera a Lima, su ingreso al museo de San Marcos y su posterior registro en el de Pueblo Libre son una suma de imprecisiones.
-¿Por qué tanta ausencia de datos?
- Actualmente estamos apostando por el reordenamiento de los archivos. La información no se ha perdido, está allí, solo que desorganizada. Por eso, durante los últimos años hemos empezado a cruzar y ordenar los documentos. Estamos en la parte prehispánica, cuando lleguemos a revisar todos los archivos, es probable que encontremos documentación administrativa del manejo de nuestro patrimonio. Y ahí encontraremos mucha más información para conocer la historia de este emblema, comentó Del Águila.
Precisó que el apoyo económico de la empresa privada permitirá también hacer una recuperación bibliográfica y documental de las peripecias que acompañaron nuestro más antiguo estandarte. Concluida la restauración, que se estima en cuatro meses, esta pieza será exhibida solo en momentos especiales y no de manera permanente. Dicen que ni siquiera podrá abandonar el país. Su eterna quietud la librará de una mortal condena. Ya no desaparecerá entre jirones. Tiempo y olvido ya no estarán juntos en ella.
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