A Ñosy Dueñas Bustos le cautivaba ese vasto
espectáculo del mundo que se tiene desde allá arriba, esa contradictoria
sensación de inmensidad y pequeñez. Estudió para ser guía de turismo y desde los
18 años subió y bajó los nevados más altos del Perú. “Escalar es eso, a veces
bajas, a veces no”, le dijo alguna vez a un amigo. Ñosy, el guía de 25 años,
ascendió al Ausangate junto a una pareja de turistas españoles. No bajó más.
Pasión por las montañas
El domingo 3 de junio Ñosy llegó al Cusco y
compartió su alegría en su muro del Facebook: “¡Buenas tardes Cusco, gracias
montañas por traerme una vez más!” . Fue lo último que escribió. Su blog y su
cuenta en esa red social conservan la bitácora de cada viaje: sus ascensos a los
nevados de la Cordillera Blanca, al Huayhuash y a los del Vilcanota, en el
Cusco, y su enorme sonrisa. Trabajaba en una agencia de turismo con sede den
Ancash, pero su destreza era conocida en otras regiones. Fue así que,
recomendado por otros españoles, la pareja que formaban Miguel López de Sabando
y María López dio con él. Lo pidieron y decidieron encontrarse en el Cusco.
Ese mismo día el guía y la pareja de españoles
se reunieron y organizaron el viaje. El martes 5 partieron a la comunidad de
Tinki, en Quispicanchi, desde donde se inicia el ascenso al nevado Ausangate. La
tarde del miércoles 6 realizó lo que sería su última llamada: “Todo está bien,
hay buenas condiciones en el tiempo, no te preocupes, vuelvo a llamar”, le dijo
a su madre. La comunicación con ella era constante, era una forma de calmar la
angustia que lo paralizaba cada vez que su único hijo varón partía.
Una tragedia
Dicen que un breve ruido, como cuando se
quiebra un huevo, antecede a una avalancha. Pero no hay forma ni tiempo para
escapar. Dicen también que no hay forma de pronosticarlo. “Puede ocurrir hasta
cuando hay buenas condiciones en el clima”, dice Marco Pérez, montañista
especializado en rescate.
La avalancha del domingo 10 sepultó Ñosy y a
Miguel López de Sabando a tres metros de profundidad, cuando realizaban el
último tramo del ascenso del Ausangate. María López también quedó cubierta por
la nieve, pero superficialmente. Ella logró colocarse el casco sobre el rostro y
hacer un poco de espacio para respirar. Golpeada pero consciente, se sacó con
las manos todo el hielo de encima. Tardó cinco horas. Buscó a sus compañeros
pero era tarde. Solo corroboró que estaban muertos. Caminó tres horas. Llegó al
campamento y, junto al cocinero que los acompañaba, emprendió el regreso en
busca de ayuda. En el camino halló señal en el celular y se comunicó con la
agencia de turismo.
Cuando los socorristas llegaron al lugar el
miércoles 13, vieron que un enorme manto de nieve cubría los cuerpos y las
mochilas de los montañistas. El viento silbaba y arrastraba pedazos de hielo
sobre sus rostros. Para llegar hasta allí caminaron varias horas con la nieves
cubriéndolos hasta la cintura.
Apu divino
El Ausangate es el apu sagrado de la
cosmovisión andina, es la montaña más alta de la cordillera del Vilcanota. Su
cumbre corona el techo del Cusco (6384 metros) y recién en el 2006 un peruano
alcanzó su cima. Los incas creían que desde aquí se originaba la energía
masculina que fecunda la tierra. Todavía hoy los viejos cusqueños de las
comunidades de Ocongate, ubicadas al pie del nevado, cuentan la historia de los
hermanos Ausangate y Salcantay. Dicen que en tiempos remotos ambos vivían en el
Cusco y que una feroz sequía los obligó a viajar hacia inhóspitas tierras para
salvar a su pueblo. Salcantay se fue al norte y encontró la selva; Ausangate
viajó al sur y halló buenas y productivas tierras. Salvó al Cusco.
El Ausangate es un celoso protector de las
comunidades. Hace años las campesinos le rinden tributo en una sincrética
celebración religiosa, el Qoyllur Riti. Recién el 2006 una experimentada
montañista cusqueña alcanzó su cumbre y desde entonces más viajeros han ido
llegando cautivados por sus escarpados paisajes. Ñosy Dueñas y Miguel Angel
López han sido las primeras víctimas del apu.
En octubre del año pasado Ñosy llegó por
última vez a la cima del Ausangate. La experiencia lo conmovió y escribió en su
blog: “El tiempo me ha enseñado que la felicidad solo es verdadera cuando haces
lo que quieres. He querido vivir como un conquistador de las cumbres y he
iniciado el camino hacia el reino del frío y el silencio. Tengo amigos
verdaderos y se llaman montañas”. Las tragedias están hechas de estos retazos de
recuerdos. El cuerpo de Ñosy fue enterrado el sábado en Caraz, la ciudad
ancashina donde nació y creció mirando las cumbres nevadas.

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