sábado, agosto 04, 2012

La última cita de Ñosy con el Ausangate


Un montañista es un domador del vértigo. Un retador de la resistencia y la gravedad. Busca el cielo mientras todos los demás se aferran a la tierra. ¿En qué radica ese placer por alcanzar la cima más alta? ¿Es el inalterable silencio de la cumbre lo que le conmueve o esa indescriptible opresión en el pecho que se tiene al caminar por la nubes?

A Ñosy Dueñas Bustos le cautivaba ese vasto espectáculo del mundo que se tiene desde allá arriba, esa contradictoria sensación de inmensidad y pequeñez. Estudió para ser guía de turismo y desde los 18 años subió y bajó los nevados más altos del Perú. “Escalar es eso, a veces bajas, a veces no”, le dijo alguna vez a un amigo. Ñosy, el guía de 25 años, ascendió al Ausangate junto a una pareja de turistas españoles. No bajó más.

Pasión por las montañas

El domingo 3 de junio Ñosy llegó al Cusco y compartió su alegría en su muro del Facebook: “¡Buenas tardes Cusco, gracias montañas por traerme una vez más!” . Fue lo último que escribió. Su blog y su cuenta en esa red social conservan la bitácora de cada viaje: sus ascensos a los nevados de la Cordillera Blanca, al Huayhuash y a los del Vilcanota, en el Cusco, y su enorme sonrisa. Trabajaba en una agencia de turismo con sede den Ancash, pero su destreza era conocida en otras regiones. Fue así que, recomendado por otros españoles, la pareja que formaban Miguel López de Sabando y María López dio con él. Lo pidieron y decidieron encontrarse en el Cusco.

Ese mismo día el guía y la pareja de españoles se reunieron y organizaron el viaje. El martes 5 partieron a la comunidad de Tinki, en Quispicanchi, desde donde se inicia el ascenso al nevado Ausangate. La tarde del miércoles 6 realizó lo que sería su última llamada: “Todo está bien, hay buenas condiciones en el tiempo, no te preocupes, vuelvo a llamar”, le dijo a su madre. La comunicación con ella era constante, era una forma de calmar la angustia que lo paralizaba cada vez que su único hijo varón partía.

Una tragedia

Dicen que un breve ruido, como cuando se quiebra un huevo, antecede a una avalancha. Pero no hay forma ni tiempo para escapar. Dicen también que no hay forma de pronosticarlo. “Puede ocurrir hasta cuando hay buenas condiciones en el clima”, dice Marco Pérez, montañista especializado en rescate.

La avalancha del domingo 10 sepultó Ñosy y a Miguel López de Sabando a tres metros de profundidad, cuando realizaban el último tramo del ascenso del Ausangate. María López también quedó cubierta por la nieve, pero superficialmente. Ella logró colocarse el casco sobre el rostro y hacer un poco de espacio para respirar. Golpeada pero consciente, se sacó con las manos todo el hielo de encima. Tardó cinco horas. Buscó a sus compañeros pero era tarde. Solo corroboró que estaban muertos. Caminó tres horas. Llegó al campamento y, junto al cocinero que los acompañaba, emprendió el regreso en busca de ayuda. En el camino halló señal en el celular y se comunicó con la agencia de turismo.

Cuando los socorristas llegaron al lugar el miércoles 13, vieron que un enorme manto de nieve cubría los cuerpos y las mochilas de los montañistas. El viento silbaba y arrastraba pedazos de hielo sobre sus rostros. Para llegar hasta allí caminaron varias horas con la nieves cubriéndolos hasta la cintura.

Apu divino

El Ausangate es el apu sagrado de la cosmovisión andina, es la montaña más alta de la cordillera del Vilcanota. Su cumbre corona el techo del Cusco (6384 metros) y recién en el 2006 un peruano alcanzó su cima. Los incas creían que desde aquí se originaba la energía masculina que fecunda la tierra. Todavía hoy los viejos cusqueños de las comunidades de Ocongate, ubicadas al pie del nevado, cuentan la historia de los hermanos Ausangate y Salcantay. Dicen que en tiempos remotos ambos vivían en el Cusco y que una feroz sequía los obligó a viajar hacia inhóspitas tierras para salvar a su pueblo. Salcantay se fue al norte y encontró la selva; Ausangate viajó al sur y halló buenas y productivas tierras. Salvó al Cusco.

El Ausangate es un celoso protector de las comunidades. Hace años las campesinos le rinden tributo en una sincrética celebración religiosa, el Qoyllur Riti. Recién el 2006 una experimentada montañista cusqueña alcanzó su cumbre y desde entonces más viajeros han ido llegando cautivados por sus escarpados paisajes. Ñosy Dueñas y Miguel Angel López han sido las primeras víctimas del apu.

En octubre del año pasado Ñosy llegó por última vez a la cima del Ausangate. La experiencia lo conmovió y escribió en su blog: “El tiempo me ha enseñado que la felicidad solo es verdadera cuando haces lo que quieres. He querido vivir como un conquistador de las cumbres y he iniciado el camino hacia el reino del frío y el silencio. Tengo amigos verdaderos y se llaman montañas”. Las tragedias están hechas de estos retazos de recuerdos. El cuerpo de Ñosy fue enterrado el sábado en Caraz, la ciudad ancashina donde nació y creció mirando las cumbres nevadas.

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