sábado, septiembre 09, 2006

El baile del desenfreno

De lujurioso y desmesuradamente obsceno han acusado al reggaetón. En Cuba, la juventud castrista lo tildó, además, de contrarrevolucionario. Pero como el no es siempre un sí en toda dictadura, enseguida apareció el 'cubatón', el reggaetón cantado por cubanos. Más al sur, en Cali, Colombia, un grupo denominado Por la Decencia intentó censurarlo porque decían que sus canciones convertían a la mujer en objeto sexual. La campaña se fue a la deriva. En la ciudad que se hace llamar la sucursal del cielo estos opositores vivieron un infierno: los adolescentes se les fueron encima.

Aquí, ante las muecas de los padres, los adolescentes continúan bailándolo. Todos los días la televisión le consagra al menos un par horas. La emisora OK y el Canal 11 se han convertido en los embajadores mediáticos oficiales. En "María Pía y Timoteo", niños de 8 y10 años retuercen sus cuerpos al ritmo de La Gasolina. Las fiestas infantiles han dejado de lado al mansito Barnie. Ahora los chicos quieren perreo.

Hace unas semanas Max Meneses, sociólogo de la Universidad San Marcos, tuvo que lidiar con un grupo de chicos que en la fiesta de su hija de 13 años le exigió a gritos la "Gata Fiera". "Creo que hay un despertar brusco de la sexualidad, demasiado prematuro", dice Meneses, dejando de lado la anécdota.

HORMONAS ALTERADAS
Viernes 18 de noviembre, 10 de la noche. Este local del bulevar de Los Olivos huele a hormonas revueltas de testosterona y progesterona. No hay mesas, solo bancas de madera arrinconadas contra la pared y harta chela. La ventilación es ajena. La iluminación patalea y el piso se pega a mis zapatos. Mejor no mirar: abajo, el sudor se ha mezclado con los restos de cerveza. A mi costado transpiran los rostros de muchachos con pantalón escolar y camisas del Senati. El DJ suelta un reggaetón de 120 decibeles. Los cuerpos ya no se rozan: se pegan como atraídos por un imán. "Dale, no seas tímida, rompe abusadora", chilla la voz desde el parlante. La euforia da paso al descontrol. "Rompe el suelo con la batidora la batidora la batidora".

Estamos en De Jarana, una disco que abre sus puertas a las dos de la tarde, y la canción que suena pertenece a Yaga y Mackie, el dúo puertorriqueño que abandonó el rap por el reggaetón, esa música pegajosa que ha inundado los medios de toda América con su baile apretado y letras atrevidas. El reggaetón despierta prejuicios, escandaliza padres, preocupa a políticos, deleita a adolescentes. Su baile, el perreo, ha arrasado las convenciones sociales del ritmo 'oficial'. Aquí nada es sugerente, todo es explícito.

"Con el perreo el cuerpo busca ser liberado", dice el antropólogo italiano Mauro Cerbino. Y la socióloga Liuba Kogan añade: "se deja de lado las normas sociales, los tabúes y el pudor, los cuerpos se exploran buscando una sexualidad más libre". "Amante de tu cuerpo, canto abusadora, espero el momento que comiences con la batidora", los muchachos de la disco siguen de memoria la canción. Las parejas hacen fila y empieza el sandungueo. Derecha. Izquierda. Brazos en la cintura de tu pareja: la libido adolescente se suelta las trenzas.

El baile continuará hasta las 10 de la noche cuando De Jarana cierre y los adolescentes regresen a casa con olor a licor. Afuera exista un cartel que grita: "prohibido la venta de cerveza a menores". ¿Por qué gusta tanto el reggaetón? Pedro Pablo Ccopa, sociólogo que analiza nuestra cada vez más cambiante sexualidad, dice: "tiene que ver con las nuevas formas de las relaciones sociales".

SEXUALIDAD RODANTE
Un día después de visitar el local de Los Olivos fuimos al festival del reggaetón en San Marcos, unconcierto que prometía juntar a la muchachada amante de este ritmo. Nos acompañó Pedro Pablo Ccopa. Nuestros boletos: General.

A las siete de la noche todos los espacios estaban repletos de púberes con ceñidos pantalones y menudos polos. Cuando el primer grupo apareció, los quioscos ya habían vendido cientos de cajas de cerveza. "Chiquitita, yo no paro de extrañarte, chiquitita yo quiero volver a verte, besarte, tocarte, tenerte", gritaban Yaga y Mackie, solo que esta vez en vivo.

¿Por qué este ritmo gusta tanto a los adolescentes? "Las canciones coinciden con la etapa de exploración sexual. Los jóvenes expresan sus deseos de realización sexual que muchas veces es reprimido por la sociedad. Nos muestran cómo se van recomponiendo las relaciones de pareja y género. Con esta corriente se articulan nuevas formas de interrelación entre los adolescentes".
Una corriente que tiene como antecedente al bolero, el tango, la salsa, la lambada y, más tarde, a El General con su funkete: Mami llegó tu papi con el funkete, menéalo, funkete, es lo que yo le di. ¡Quien no haya bailado estas canciones que tiré la primera piedra!, parecen gritar desde su esquina los adolescentes que en varios casos han llegado al festival acompañados por sus padres.
En menos de 30 años el baile parece haberse liberado de sus ataduras. En el perreo las manos no solo se tocan y las piernas se entrecruzan, con este ritmo la mujer gira y ofrece su cuerpo a la pareja. Y menea. El resto de pasos responde a la imaginación.

Según Ccopa, esto también tiene que ver con la forma de entender la libertad. "El yo estaba en función de objetivos colectivos. Por ejemplo, durante los 70 los jóvenes decían tener en sus manos las grandes transformaciones sociales: esas obligaciones postergaban la realización de sus propios deseos. Ahora el individuo está por encima del colectivo. Importa más el presente y sus deseos".

El carpe diem. El eterno instante. El goce sin reparos. "Avanzamos hacia una sociedad hedonista y narcisista. El aspecto físico y la ropa son prioridades para el reggaetón" Ccopa está analizando estos temas cuando un grito masivo lo saca de su letargo: el presentador anuncia la aparición del grupo Trebol Clan, el mismo de Agárrala, pégala, azótala Otra vez el estadio comienza a vibrar. El equipo de emergencia dirá al día siguiente que a esa hora más de diez jovencitas habían sido evacuadas con síntomas de asfixia.

EL 'FLORO' HA MUERTO
Son las 10 de la noche en el estadio de San Marcos. La atmósfera está recargada y contagiosa. Obviamente ni el fotógrafo ni el sociólogo ni yo tenemos intención de bailar. Aquí, en General, las parejas se las ingenian para bailar sin rodar por las gradas. Le decimos a Freddy, el muchacho de Villa El Salvador que ha levantado las piernas de su joven pareja hasta sus hombros, para tomarle una foto. "Ya, pero que no salga su cara, mucho roche con sus viejos". Ella y él, por supuesto, se acaban de conocer.

Desde su esquina, Pedro Pablo Ccopa continúa: "con este baile no se necesitan presentaciones. La relación se ha simplificado". Es cierto. Los muchachos no hablan: solo beben y bailan. Adiós al amiga, ¿bailas? ¿Cómo te llamas? ¿Dónde vives? Para perrear bastan los gestos, un intercambio de miradas y el mensaje que dicte tu cuerpo. El 'floro' pasó de moda. El amor del que hablan las canciones no conoce de romanticismos ni de las mágicas insinuaciones. "Puede haber un chape, pero nada más", me dice con desenfado una adolescente que ante el asombro de dos policías baila con tres sujetos.

"Primero engañaste a tu hombre, y luego seduciste (sic) a tu amante, después te empeñaste a enamorarme Gata Fiera", canta Trebol Clan. ¿Son machistas las letras de estas canciones? Max Meneses dice que sí, que la mujer se convierte en un objeto sexual, pero que ella lo permite y, además, "le grita al hombre que ella también desea", dice Ccopa.

Un seguimiento hecho por un grupo de universitarios encontró que en seis de cada diez canciones la mujer recibe un sobrenombre: o gata o mami. "Es solo una canción, no importa", me dice la misma adolescente que no quiere aparecer en la foto y que baila la última canción de la noche. Más tarde la veremos saliendo de la mano de quien fue su pareja durante todo el festival.

MÁS QUE UNA MODA
Cuando todo empezó, se dijo que el reggaetón era un baile de los conos. Ya no lo es más. En el festival los sectores VIP y Platinum estaban llenos de jóvenes de Miraflores, Surco, San Borja y La Molina. Claro que aquí los pasos son un poco más tímidos.

Desde sus trincheras los papás se siguen preguntando por qué gusta. "Estamos frente a la construcción de una nueva civilización. Y una de esas expresiones podría ser la aparición de estos desenfrenados bailes", sentencia Meneses. Una sociedad donde se rompen los mitos, donde el amor y el cuerpo dejan de ser sagrados. Han pasado casi dos años y en el Perú se continúa perreando. La influencia es tal que en la Carretera Central ya se habla del huainotón

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