martes, septiembre 12, 2006

Oración por un escéptico


Ahí está el padre Marcial, en el altar de la iglesia La Merced. Desde la puerta de ingreso destacan su tamaño y cabello blanco. He llegado tarde, la misa está por la mitad. Desde la última fila no se ve nada que evidencie que se trata de una ceremonia religiosa por la salud de Fidel Castro, salvo un pequeño detalle. Las bancas de adelante están repletas. Eso es extraño. Me lo dice Clorinda, una vendedora de estampitas. Los jueves a esta hora no viene mucha gente, seguro es una misa especial, de alguien importante, presagió minutos antes sin saber que la misa era por la recuperación de un hombre que durante años se ufanó de ser ateo.

Los despistados feligreses de la última fila creían también que era una misa cualquiera hasta que el padre Marcial Tejada pidió por la salud del presidente cubano. Entonces, los aplausos aparecieron. Pedimos por la salud de Fidel Castro, para que nos acompañe durante un tiempo másö, dice el sacerdote.

En la primera fila están el embajador de Cuba, Rogelio Sierra, su esposa y otros diplomáticos de la isla. Lo acompañan Ulises Humala, algunos dirigentes del Partido Nacionalista, del Movimiento Nueva Izquierda y otros grupos socialistas. íPorque es un hombre admirable que buscó la dignidad de un puebloö, prosigue el sacerdote. Los feligreses escuchan. El discurso del padre continúa ante la mirada atenta de los asistentes. íMucha gente muere hoy en todo el mundo, hay guerras y violencia, debemos buscar la paz. Las ideas se confrontan con ideas no con guerras ni armasö. Los aplausos aparecen por tercera vez.
Hoy el nombre de Castro se repite en varias iglesias del mundo. La primera vez fue cuando lo bautizaron a los cinco años, en una iglesia de Santiago de Cuba. Su madre era muy religiosa, su padre no tanto. Por norma se bautizaba a todo el mundo, si no estabas bautizado te decían judío. Yo no entendía qué quería decir judío. Sabía que un judío era un pájaro oscuro, muy bullicioso y cuando decían íes judío yo creía que se trataba de aquella aveö, le contó alguna vez el comandante al escritor Frei Betto, quien publicó en 1985 Fidel y la religión.

Incluso su nombre, Fidel, coincide con el santo del día de su cumpleaños: 13 de agosto de 1926. De niño escuchó rezar a su mamá, pero él nunca aprendió. Ella rezaba, el rosario, el Padre Nuestro. Ha contado que en su hogar había muchas imágenes de la Virgen de la Caridad del Cobre, de San José, de Cristo, pero también tenía un San Lázaro, un santo no oficial.

CONTRADICTORIA RELACIÓN
ñEs curioso, padre Tejada, celebrar una misa a un hombre que siempre dijo ser ateo.
ñ Eso no tiene nada que ver. Todos nosotros tenemos derecho a vivir. No se puede desear la muerte de nadie. Esta misa nos unió a todos como hermanos.

¿Qué diría Fidel por tantas misas en el mundo? ¿Por tantas oraciones juntas pidiendo por su recuperación? Recordaría, tal vez, la tirante relación con la Iglesia Católica durante los primeros años de la revolución. Sí. Rescataría de su memoria el inicio del conflicto. La expulsión de un grupo importante de sacerdotes españoles acusados de ir en contra de la revolución. La nacionalización de las escuelas privadas, incluidas las católicas. íEn aquellas escuelas estaban los hijos de familias ricas que se situaron contra la revolución, le respondió a Frei Betto.

Castro cerró las escuelas privadas, pero estudió en una. Su bachillerato lo terminó en el colegio Belén de la Habana, uno de los más importantes de la época y que era administrado por los jesuitas. De esta estancia el líder cubano guardó su experiencia en los retiros espirituales que se realizaban tres veces al año. Durante tres días se buscaba la meditación, el recogimiento y el silencio, que era la parte más cruel porque caíamos de repente en mudo absoluto. No se podía hablarö. Es probable que estas hayan sido las únicas veces en las que Castro, acostumbrado a dar discursos de cuatro o más horas, tuviera que quedarse callado.

Ninguno de los clérigos presagiaría entonces esos difíciles momentos que llegaron al día siguiente de la revolución: cuando Fidel se reconoció ateo y difundió el ateísmo. Muchos puestos profesionales y carreras universitarias fueron negados a personas que profesaban el catolicismo. Ningún cristiano podía pertenecer al Partido Comunista Cubano. El sistema educativo obvió toda trascendencia espiritual.

El padre Marcial conoce todo esto. íAnte Dios todos los hombres son iguales. Ante un momento tan crítico como el de ahora es necesario entregarle plegarias por la salud de una persona. Todos tienen la misma prioridadö, me dice alzando el nivel de su voz.

SACERDOTE, ESCRITOR
-¿Se da cuenta de que puede ganarse algunas críticas por haber dicho durante la misa que admiraba a Fidel Castro, un hombre cuestionado por casi todo el mundo?
-¿Y quién no recibe críticas? Todo el mundo las tiene.
-¿No teme que sus colegas o algunas autoridades lo desautoricen?
-No, cada uno es libre de decir lo que piensa, ¿no? Nos une el pedido por su salud.

El padre Tejada tiene un acento extraño.
- ¿De dónde es?
- Extranjero. Soy arequipeño.

¿Quién es Marcial Tejada, el sacerdote que defendió públicamente y sin aspavientos la dignidad de Cuba? Si Fidel es ateo, pero le celebran misas, al padre Marcial, que es cura, le fascina la literatura y le escribe al amor. Nació en Socabaya en 1934 y su nombre figura en los labios de sus asiduos feligreses, pero también en el diccionario de literatura peruana de César Toro Montalvo, en el que se lee: No deja de salir de mi asombro la valiosa obra literaria del reverendo padre Juan Marcial Tejada Manrique. Escritor, poeta, dramaturgo, orador, antólogo y novelista, es Superior de la Orden Mercedaria del Perú.

-Soy un romántico. ¿Y tú?
-Periodista
El padre Marcial suelta una contagiante carcajada. Me habla de su pasión por la literatura. Te soñaré con la pupila abierta / te soñaré cuando los ojos al dormir se encuentren / te soñaré cuando las pupilas estén en dulce paz prontas a despertar, escribió en su libro Vertientes este sacerdote que minutos antes le dijo a un grupo de militantes del Partido Nacionalista que la tolerancia era el mejor consejo para el ejercicio político. No hay que hacer divisiones de razas, de cholos, blancos o negros. Un reino dividido nunca cantará victoria, dice.

Le encantan los chistes. Camino a su despacho, al interior del convento de La Merced, cuenta algunos de carácter político que es mejor obviar para íno herir susceptibilidadesí. íLos chistes siempre esconden algo de verdadö, me dirá con una mueca cómplice.

El sacerdote habla con pasión de los políticos. Critica a los avaros. Y luego me pregunta por Cuba. Le cuento que estuve allí en junio. ¿Hay muchos católicos?, pregunta. Le digo que hay mucho sincretismo. Más tarde encontraría en Internet una encuesta realizada en 1987 por el Instituto de Investigación de Estudios Sociales de Cuba: El 86 % de la población cubana cree en la existencia de Dios, pero al referirse al número de personas que integran una religión, utiliza conceptos limitados. Por ejemplo, los católicos son solo aquellos que asisten cada domingo al templo. La contradicción siempre acompañará a Cuba. Le cuento también que muchas personas recuerdan cómo el comandante se ensañó durante mucho tiempo con las prácticas de la santería.
LA MISA HA TERMINADO
Es mediodía. La ceremonia religiosa acaba de terminar. Vayan con Dios. Las últimas filas del templo desaparecen a los pocos segundos. Las de adelante esperan que el padre baje del altar. Son más de 60 personas. El primero en acercarse es el embajador cubano. Le da la mano, intercambian gestos, sonrisas y palabras. Luego, un grupo de cubanos residentes en el Perú, que ha venido desde Villa El Salvador, le dice que ore ípor Fidel porque es un hombre importanteö, íque rece por sus familiares que están en la islaö. El sacerdote escucha, asiente con la cabeza y baña a todos con agua bendita. Se tiene que ir, pero no lo dejan. La gente lo cerca. Ulises Humala le da un abrazo. ¡Hola, hombre!.

Mientras el sacerdote atiende los pedidos, el cálido dejo caribeño que suprime la erre se siente a los costados. Los acompañantes del embajador aprovechan la ocasión para tomarse unas fotos en los portales de la iglesia. ¡Apúrate, chico!. Click.

Otra misa tiene que empezar. El cura se retira. Lo sigue un grupo de nacionalistas al que en unos minutos recomendará tolerancia. Seguirán hablando de la salud de Castro. Todos lo harán. También el presidente Alan García: Tenemos ideas y puntos de vista distintos, y no es el momento de hacerlo públicos; pero como líder, presidente y ser humano expreso mi deseo de que se recupere y que pueda superar este trámite de salud. Es un personaje de gran importancia en la historia de América Latina.

1 comentario:

Anónimo dijo...

El padre Marcial es un hombre admirable demostrando amor por el prójimo, con una paciencia impresionante ya con 85 años es un hombre que no ha perdido su sonrisa, preocupándose por los pobres y pensando siempre en su prójimo.